Aquí y allá: cuento para una mañana de huracán y de sol

Nos despertamos con la habitación inundada de sol. Es un día de otoño sereno y silencioso. Las hojas de los árboles cuelgan, melancólicas y resignadas, pronto empezarán a caer. Nada en este día plácido en el Este de Alemania delata lo que está sucediendo, a esta misma hora, al otro lado del océano. Vientos a más de 200 km por hora sacudiendo las cabelleras enloquecidas de las palmeras, el huracán Irma aterrorizando a los habitantes de la Florida como lo hizo ya con viarias islas del Caribe. Agua y viento en un abrazo mortal, girando como un derviche que se lo quiere tragar todo, contener en sí el universo entero, a pedazos. Arrancando árboles y vidas, de raíz. De un rugido, desgarra el silencio, y llega para quedarse. Quince horas de viento y agua sin interrupción, una tortura larga y asoladora. Mientras que acá, en un frío país de Europa Central, el silencio es tan compacto que se escucha la tos de un viejecito en el edificio al otro lado de la calle, el sol tan ligero que se ha posado sobre las nubes, iluminándolas. En este contraste insalvable entre mi realidad y la de Florida en este mismo instante se demuestra la enorme paradoja de ser un solo mundo, una misma humanidad y sin embargo experimentar cosas tan diversas, e incluso radicalmente opuestas. Pero, ay, están los medios y las redes sociales, y entonces yo, en lugar de contemplar el cielo sobre mi cabeza me obsesiono con la pantalla, con los vídeos y fotos de los vientos y de ese angustiante color gris del cielo que se derrumba sobre unas playas una vez de colores y fiesta. Me contagia su angustia por los animales, el silencio hecho trizas, la gente en los refugios o refugiada obstinadamente en sus casas, aferrada a sus pertenencias materiales o a la ilusión de la aventura. Mientras tanto, los evacuados rezan porque al volver a casa encuentren al menos eso, una casa. Imagino hace doscientos años un huracán arrasando el Caribe mientras acá en Alemania, o en Ecuador, China o Rusia la vida sigue y la gente se despierta a vivirla como si nada nuevo estuviera sucediendo hoy (ya les tocará su turno mañana). Observan a su alrededor, acomodan sus alegrías y miedos a esa realidad. Meses más tarde llegará un viajero a contar la historia, o el librero del pueblo pondrá a la venta un libro con la impresionante historia de la mujer que sobrevivió a una tormenta tropical aferrada a un árbol, con una jaula de pájaros protegiéndo su cabeza… #huracanirma #irma #espejismosdelaglobalizacion

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