Consejos para convertirse en estrella de las redes sociales

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Primera parte: sobre los “me gusta porque me da un poquito de pena”

Uno solía pertenecer a grupos sociales con los que se relacionaba en la escuela, el barrio o la universidad, en la oficina o el fútbol de los domingos, grupos a los que veía de vez en cuando, en presentaciones de libros o en conciertos. Uno solía ver a los parientes en cumpleaños, bautizos y funerales. Uno solía mamarse las opiniones del prójimo haciendo gala de gran corrección social, poniendo lo humano por sobre lo ideológico. Hoy en cambio, gracia y desgracia de las redes sociales, uno se expone voluntariamente a las opiniones, ataques o aplausos de amigos, conocidos, parientes y desconocidos (incluso a ese lado desconocido, y que hubiéramos preferido no conocer, de amigos y parientes). Lo cierto es que pulula por las redes sociales mucha gente que solo se asoma para corregirte o contradecirte. ¿Cómo ganarte sus corazones? He aquí una idea:

Hay un tipo de usuario de redes sociales que navega por ahí repartiendo lo que yo llamaría “likes de narciso compasivo”. Esta patología, solo en casos excepcionales padecida de manera conciente, nos lleva a darle “me gusta” a las publicaciones de los otros solamente si nos reafirman en nuestra convicción de seguir siendo mejores o más poderosos que ellos. Lo que hacen o dicen suscita en nosotros un poquito de pena, los vemos débiles por lo cual no nos sentimos amenazados, no nos hacen sentirnos inseguro porque no nos parece tan bueno lo que escriben ni nos parecen tan guapos ni tan exitosos en sus fotos.

¿Qué hacer entonces para ganarse la aceptación de este tipo de usuario? Hay que subir regularmente fotos en las que nos veamos un poquito feítos o raritos, mostrarnos frágiles e inseguros, ningunear nuestros logros o compartirlos como si nos importaran un rábano (recomiendo usar un par de “malas palabras” para completar el efecto de coolness). Hay que victimizarse un poquito, mostrarse defensor de pobres o ser considerado por otros como víctimas (éxito seguro: víctimas del machismo). La gente entonces empieza a querernos como a perrito enfermo. Y si un día, pero solo muy de vez en cuando, compartimos algo positivo sin máscaras, una foto bomba sexy, la noticia de un premio o un ascenso, entonces lloverán las alabanzas pues nada resulta más conmovedor que las historias de cenicientas.

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