Diario de otoño

Cinco grados, niebla, despierto a la oscuridad del otoño. Por mi casa trepa un árbol cuyas hojas mueren del otro lado del espejo. Cruzo el puente y me quedo allí, prendida al paisaje. Recuerdo entonces a Nick Cave quien al emigrar a Inglaterra se vio frente a dos opciones: entregarse a la impotencia y la amargura o apoderarse de los fenómenos meteorológicos convirtiéndolos en paisaje simbólico, de significados ocultos, actuando para él en el gran teatro del mundo. Empezó un “Diario del clima” donde describe los matices del cielo, la velocidad de los vientos, el rumor de la tormenta que azota el mar. Esa realidad objetiva de la cual uno parecería ser víctima anónima, se transformaba así en diálogo íntimo con la naturaleza. Escribe Nick Cave, y sus palabras las llevo como un amuleto: “Como diría cualquier meteorólogo, el mal tiempo es más interesante que el buen tiempo. Así que una mañana me encontré saltando de la cama y gritando: ¡estupendo, mi amor, llueve!”.

Tomado del artículo “Diario del otoño” en Una latina en Alemania: Historias de dos mundos, Margarita Borja, diario El Universo, 2015.

otoño en Leipzig

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