Esas drogas venenosas

 

Se llama methedrina el arma mortal de la Blitzkrieg: con todas las de perder (menos soldados y peor armados que Francia e Inglaterra), nadie contaba con la astucia de la Wehrmacht: 35 millones de pastillitas de Pervitin. Pepeadísimas, en cien horas las tropas alemanas avanzaron en mayo de 1940 más que durante toda la Primera Guerra Mundial. Los patriotas nazis estallarían de contento ante la “resistencia invencible del espíritu guerrero ario”, léase: alimento espiritual del guerrero cuya dosis era 2-5 pastillitas diarias. Lo fundamental: avanzar y vencer.

Miles de atrocidades y derrotas más tarde (1944-45), “avanzar-vencer” le cedería el puesto a “huir-sobrevivir”. Soldados embutiéndose las últimas pepas disponibles para intentar volver a casa, las ruinas de lo que alguna vez fue su hogar.

Qué noche tan oscura la de Alemania en ruinas, la obscenidad de la guerra, Hitler suicidándose en las tinieblas del búnker: rendirse, ¡jamás!, me voy llevándome conmigo a todos. Mensaje emitido no entre dientes, pues ya los había perdido, entre los temblores que asediaban su cuerpo de politoxicómano…

La fuente de información de este artículo es el libro “Der totale Rausch. Drogen im Dritten Reich” (Normal Ohler, Köln 2015). Lea el artículo completo enhttp://www.eluniverso.com/opinion/2017/02/02/nota/6027430/esas-drogas-venenosas

 

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