Manual para arrepentirse en público

En este punto no importa ya cómo se dieron las cosas, quién sedujo a quién (o no), qué noche de furia amaneció con el concejal frente a la cámara confesándose como un niño disciplinado por la peor de las escuelas: la culpa. Lo relevante son las nociones que este individuo tiene sobre la vida, los seres humanos, la familia, las mujeres. Y cómo las expresa, porque la forma es inseparable de las ideas. Y sí, pues aquello que Ricaurte tiene en la cabeza es de interés público (y no sus deslices amorosos ni su lucha por “salvar a su familia”, lo cual no es de nuestra incumbencia). Lo que el edil quiteño haga de 7 p. m. a 7 a. m. nos debería dar igual (siempre y cuando no ande por ahí ofreciéndose como maestro de retórica o consejero matrimonial, pues entonces habría que detenerlo, por el bien público, digo).

En cambio sí nos incumben, porque nos afectan directamente, su cosmovisión y su ideario, difundidos a través del discurso público. (Filmar un video es de por sí un acto público, y para informar a su “familia” no es necesario grabarse, basta con llamar a mamita por teléfono.) Nos conciernen porque Antonio Ricaurte trabaja en el Concejo Metropolitano de Quito, donde toma decisiones en nuestro nombre. Allí, como en toda institución pública, deberían encontrarse exclusivamente seres humanos sabios, creativos, diligentes, con una combinación equilibrada de idealismo, noción de realidad, sentido del humor y sensibilidad ante lo bello y lo bueno.

¿Qué hizo Ricaurte para despertar la indignación pública, para que le lluevan insultos (la prensa alemana llama a este tipo de situaciones “Shitstorm”)? Para empezar, como si no fuera suficientemente patético que un hombre considere que una mujer que desea contacto, amor, sexo o lo que fuere, es una “ofrecida”, confiesa estas opiniones frente a una cámara. Habría que preguntarse además si es cierto que una chica guapa, inteligente y exitosa como Carla Cevallos se desvelara insistiendo en seducir a un reticente Ricaurte. Sea como fuere, hubiera estado en todo su derecho y lo único que podríamos reprocharle es su mal gusto.

Incluso en el caso de que la concejal se hubiera fijado en ese carita de santurrón, libre de compromisos (¿no dice él mismo que estaba divorciado?), y hasta en el improbable caso de que ella hubiera insistido ante sus negativas (sería interesante, para variar, que una mujer se empeñe en seducir a un hombre que le gusta, ¿es que es prerrogativa de los hombres darse todo tipo de mañas para conquistar a las mujeres que les atraen?), bueno, incluso en el caso poco verosímil de que Cevallos lo hubiera intentado seducir a la fuerza, ¿qué sucedió para que repentinamente Ricaurte se suba al escenario de su propia culpa y al mejor estilo de Viernes Santo quiteño, indigestado por la culpa mal digerida, se empiece a flagelar en público pidiendo perdón a “su esposa” y, no contento con su propia sangre derramada, decida llevarse consigo, en su caída, la reputación de esa “ofrecida”? Lo que no sabe este señor (porque hay gente que todavía no se entera) es que la dignidad de una mujer no es algo que se ofrece ni se vende ni se aja por el simple hecho de habernos enamorado de un muchacho, o de que él así lo crea, o lo pregone. No está en manos de un mojigato quiteño el otorgarnos o quitarnos nuestra dignidad, que es soberana y pertenece a esferas más elevadas de la existencia.

Flotan preguntas entre las brumas andinas con olor a palo santo: ¿qué lo motivó a hacer ese video?, ¿lo amenazaron con hacer público el escándalo y buscaba “curarse en sano”, adelantarse intrépidamente a los eventos?, ¿quién, al mejor estilo WikiLeaks, filtró el video?, ¿quién le redactó ese horrífico texto: incoherencias de borracho recitadas con carisma de misionera evangelizadora?, ¿quién le sugirió ese estilo de afectada solemnidad que evidencia un pensamiento rudimentario empacado en pomposos giros gramaticales propios de texto escolar franquista? Afirmó Ricaurte: Carla me perseguía y en un momento de debilidad “que me arrepiento” acepté sus “propuestas amorosas”. Ajá, ¡o sea que sí aceptó!, pero no, muy señor mío, no en un momento de debilidad “que” me arrepiento sino “del cual” o “del que” me arrepiento.

Y ya que estoy en eso, quizá estoy de suerte y le agarro al concejal en otro momento de debilidad que me permita “ofrecerle” un par de consejos para salir de este lío. Empecemos por su expresión facial al hacer un mea culpa: pues debería corresponder al contenido, porque si no parece que está usted haciendo un esfuerzo desmesurado por descifrar lo que está leyendo. Así que si quiere salvar a su familia, como dice, le recomiendo acudir al sentido del humor y al arte, apelar a los grandes maestros del género, por ejemplo a la legendaria recitación del Chavo del 8: “Vuelve el perro arrepentido, con sus miradas tan tiernas, con el hocico partido, con el rabo entre las piernas” (veinte veces). Infalible. Así reconquista a su familia sin dañar moralmente a una colega. La próxima vez, además, no coja el teléfono de su “esposa” para comunicarse con su amiga, mejor hágalo desde el suyo o desde un café internet.

O siga el ejemplo del político alemán Jörg Rupp, quien frustrado por el éxito de su contrincante Katja Suding, twitteó: “con tetas y piernas en vez de propuestas”, aludiendo a la campaña del FDP que aprovechaba el atractivo de Suding para ganar votantes. Como era de esperarse, se lo comieron vivo en las redes sociales, y él, humildemente, se disculpó chorrocientas veces y rogó que dejaran de insultarlo porque él mismo ya se insultaba abundantemente. Como Cevallos, Suding es una mujer exitosa y además atractiva en el sentido más tradicional, “femenina” dicen algunos. Una de esas mujeres que, ignorando el ejemplo de Merkel, no intentan imitar el atuendo “masculino” ni “neutralizarse” para asimilarse a los hombres, en “su” mundo de poder e influjo: soy uno más de ustedes, camaradas. Pues no, a los hombres no les va a quedar otra que aprender a lidiar con (y respetar a) este tipo de mujer: inteligente, capaz y sensual. En fin, intimidante (y bravísima). (O)

Publicado en diario El Universo el jueves, 3 de septiembre de 2015:

http://www.eluniverso.com/opinion/2015/09/03/nota/5101007/manual-arrepentirse-publico

 

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