En Berlín y Leipzig se presentó “Una latina en Alemania”

En sala llena se presentó en Leipzig “Una latina en Alemania: historias de dos mundos” en el marco del Festival Latinoamericano: Lateinamerikanische Tage. La autora Margarita Borja y la moderadora Luise Rauer conmovieron al público presente que llenó la sala del edificio histórico Schaubühne Lindenfels el jueves 12 de noviembre de 2015.

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Margarita Borja zu Gast

También en Berlín se presentó “Una latina en Alemania: historias de dos mundos” en casa llena. La Embajada del Ecuador en Berlín fue la anfitriona del evento que se realizó paralelamente a la exposición de fotografía de Pablo Rojas y de acuarelas de Omar Jaramillo, ambos artistas ecuatorianos residentes en la capital alemana.

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Se publica en Ecuador el libro “Una latina en Alemania: historias de dos mundos”

Cover libro Una Latina en Alemania OP2

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Entérate de más detalles sobre la vida de la autora y de cómo nació este libro en: http://www.larevista.ec/cultura/personaje/margarita-borja-y-su-exilio-entre-culturas

La autora, sobre su libro “Una latina en Alemania: historias de dos mundos”: Migrar es aceptar finalmente que nos hemos despedido de un lugar y ganado otro; aunque el origen perviva, el dolor de estar lejos de la familia, de los lugares de la infancia, los amigos, el idioma materno, permanece como una cicatriz. Escribo para comunicarme, para contar historias, para entretener y motivar a la reflexión. Mis columnas son para mí un puente entre mis dos hogares. A mi mundo “de allá” (no solo Ecuador, sino el mundo latino y también los migrantes desperdigados por el globo) les cuento historias sobre mi mundo “de acá” (Alemania, Europa). Y a mi mundo de acá le revelo mi perspectiva distinta (“extranjera”) sobre un mundo que quizá les parece obvio y tedioso y que para mí resulta nuevo, sorprendente…

Citas del libro:

Todas las personas cuerdas se parecen, pero los locos lo son cada uno a su manera … El melodrama sucedió en 1934 en la isla Floreana y estuvieron involucrados en él al menos seis alemanes (más un bebé y un perro), una “baronesa” austríaca y un barco llamado Dinamita…

“Hotel Paraíso”, 19.06.2015

Uno empaca las maletas como si se despidiera de uno mismo, de ese que se queda acá, siempre prendido a los recuerdos…

“Volver”, 17.04.2015

En Berlín no se habla solo alemán, se habla turco, inglés, español, ruso … tantos idiomas como libros hay en la Biblioteca de Babel. Uno se pregunta por qué retorcidos caminos de la historia se llegó a intentar imponer, a una ciudad con alma transcultural, el horror de una “cultura” única. Nada hay más triste y árido que la “pureza” racial, cultural y lingüística … Todo está en transformación…

“Berlín: un Aleph nocturno“, 21.08.2014

 

Ficha técnica

Autora: Margarita Borja

Editorial diario El Universo, publicado en noviembre de 2015 en Guayaquil, Ecuador Idioma: español

114 páginas, papel couché

© Margarita Borja

Incluye cuatro fotografías de Pablo Rojas http://www.dadafoto.com/

La acuarela de la portada (Reloj mundial de Alexanderplatz en Berlín) es obra del artista Omar Jaramillo http://omar-paint.blogspot.de/

La foto de la autora es de Mila Flad http://www.vividsymphony.com/

Sinopsis: El volumen recoge 32 columnas de la autora publicadas entre 2012 y 2015 en la sección Opinión Internacional de diario El Universo. Entre el humor y la nostalgia, las crónicas relatan viajes, emociones, aventuras propias e históricas que por su atmósfera y la época en que fueron escritas se agrupan en cuatro secciones: INVIERNO, PRIMAVERA, VERANO Y OTOÑO. Cada parte del libro inicia con una fotografía exclusiva de Pablo Rojas.

Temas: emociones de la migración, integración, interculturalidad, transculturalidad, viajeros, política internacional, historia (Primera y Segunda Guerra Mundial), La Batalla de las Naciones, Leipzig, Berlín, Quito, Guayaquil, Christopher Isherwood, Lutz Eigendorf, Leipziger Spinnerei…

Prohibir o no prohibir la burka, reflexión en dos actos

Segundo acto: ¿por qué sí prohibirla?

No podemos darnos por satisfechos con nuestras opiniones si no hemos procurado primero comprender cómo piensan las distintas partes en una polémica. Es por ello que a mi columna pasada donde argumento por qué no debería prohibirse la burka en Alemania, sigue ahora una reflexión sobre las razones a favor de dicha prohibición. ¿En qué se basa el discurso de quienes están a favor de vedar la burka y la nikab en Alemania, siguiendo el ejemplo de Bélgica, Francia y Holanda, entre otros? (No vayan a creer que solo un puñado de xenófobos defiende esta postura).

De los horrores de los regímenes totalitarios hemos aprendido que la “libertad”, “igualdad” y “felicidad” impuestas “por amor” y obligatorias resultan siempre en un infierno de violación a las libertades individuales: denunciantes, persecución, castigos y torturas, control de la privacidad. De este tipo de dictaduras hemos conocido ya versiones más o menos radicales, desde el estalinismo hasta la República “Democrática” Alemana o los pseudosocialismos latinoamericanos que pretenden adoctrinarle a uno para que viva bien, sea amigo del pueblo y defienda los “valores” de revoluciones que dejan como legado economías destrozadas y rebaños de resentidos sociales.

¿Por qué justamente en una Alemania consciente de su pasado se está considerando regular coercitivamente el vestuario femenino, prohibiendo el uso de burka y nikab en algunos espacios públicos? Si en Alemania una mujer se decide (porque está prohibido por ley obligarla) a llevar la burka, ¿debemos exigirle adaptarse al estilo de vida ideal occidental de la mujer “feliz y libre” que muestra el rostro en público? Quienes consideran que sí se debería reglamentar el uso de estas prendas lo hacen desde el siguiente punto de vista: no se trata de salvarlas de su derecho a vivir a la sombra del fundamentalismo religioso, de un culto al macho que borra a la mujer de la sociedad. Cada mujer en Alemania puede dejarse oprimir a su gusto por distintos tipos de estructuras patriarcales, o no. Liberar a la mujer de la prisión del velo facial sería difícil de justificar, pues aquí cada uno tiene el derecho de ser feliz o infeliz a su manera. La prohibición no apunta a coartar ninguna libertad “individual”. El fundamento de la prohibición es el enorme valor simbólico de la burka y la nikab llevadas por al menos seis mil quinientas mujeres en Alemania. Estas prendas no se consideran símbolos religiosos y su uso no se contempla como una forma de ejercer la libertad de expresión y de culto.

Histórica y geográficamente, la costumbre de llevar la nikab proviene de los beduinos de Arabia, que se cubrían el rostro (hombres y mujeres) para protegerse de la violencia del viento. En el Corán ni se menciona ni se prescribe, según los estudiosos. En el Imperio Otomano estaba de moda en Constantinopla entre las mujeres del harén. Fue en el siglo XIX cuando se difundió su uso en Oriente Medio y Cercano, y lo llevaban tanto cristianas como musulmanas de clases altas para distanciarse de la vida de las calles. Con el inicio del siglo XX se fue olvidando su uso y fue en los años 70 con el boom petrolero en Arabia Saudita que las mujeres volvieron a ocultarse bajo la nikab, ya sin distinción de clase social. Esta costumbre causó indignación en el Egipto secular. Tanto la nikab como la burka han sido fuertemente criticadas por el Islam moderado porque perjudican la imagen de su religión y no reflejan su verdadero espíritu.  Desde esta perspectiva, llevar burka no es un acto de libertad de culto sino señal de pertenencia a la rama más radical del islam, aquella que está atentando contra la propia paz y supervivencia de esta religión.

La burka y la nikab se consideran armas ideológicas y políticas de salafistas, talibanes y miembros del autodenominado Estado Islámico, radicales que procuran con ello reprimir la participación pública de las mujeres en la vida social en Europa, manteniéndolas así en la ignorancia, alejadas de la educación. Perpetúan de esta manera su poder sobre su gente, aunque hayan escapado ya de los territorios que controlan y donde imponen su sadismo. En los países donde la burka es obligatoria, se castiga con azotes a quien no lo lleva. Nikab y burka no son símbolos de piedad religiosa sino de fanatismo político y de apartheid entre géneros. Quien cree que protegiendo en nombre de la Constitución la libertad de expresión y de culto de quienes llevan burka y quienes obligan a llevarla está protegiendo involuntariamente un fundamentalismo que rechaza los valores de la sociedad europea. Leyes creadas para una sociedad más libre y equitativa deben adaptarse cuando entran en contacto con una cultura de privación de la libertad y de desprecio a la mujer. El hecho innegable de que uno tenga el derecho de pasar su vida tras una prisión de tela no debe pesar más que el derecho de una sociedad libre que puede decidir cuánto fanatismo retrógrado está dispuesta a tolerar. Esta es, pacientes lectoras y lectores, en resumen, la postura de quienes abogan por la prohibición de la burka y la nikab en Alemania, siguiendo el ejemplo de otros países europeos.

Reflexionemos evitando las simplificaciones, con suficiente información entre manos. En este mundo dominado por la velocidad y la fugacidad de la comunicación y la información, en este mundo de opinadores furiosos y apasionados de las redes sociales, es urgente considerar una estrategia ética y responsable a la hora de opinar: ¿por qué no tomarnos al menos un par de horas de investigación y reflexión antes de seguir atiborrando las redes con nuestras opiniones hechas a la ligera y basadas en datos incompletos? No renunciemos al derecho de expresar nuestro criterio pero asumamos la responsabilidad que ello implica, también la responsabilidad de equivocarnos y rectificar. (O)

http://www.eluniverso.com/opinion/2016/09/03/nota/5778342/prohibir-o-no-prohibir-burka-reflexion-dos-actos

Prohibir o no prohibir la burka, reflexión en dos actos

Primer acto: ¿por qué no prohibirla?

Primero lo primero: ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de la burka? No confundamos, ni siquiera simbólicamente, la burka con el burkini o bañador islámico, prenda que amplía la libertad de la mujer musulmana que sin él no saldría a la playa. No hablaremos hoy del burkini, aunque ya me compré uno para mi próxima visita a Ecuador, esperando así evitar la lluvia de obscenidades con que algunos hombres le arruinan a una el placer de caminar por la playa o tomar el sol (es broma, me compré una resortera). Hablaremos de un mundo machista, eso sí, del patriarcado en sus formas más o menos sutiles, alrededor del tema de moda: la burka.

La burka es uno de los varios tipos de velo islámico, que van desde la moderada hijab que cubre solo cuello y cabello, dejando libre el rostro, hasta la nikab que oculta completamente cuerpo y cara, dejando visibles solo los ojos, y la burka, el velo más radical que lo esconde todo, incluso la mirada. La burka no solo oculta a su portadora ante los ojos del mundo, también el mundo se oculta tras la rejilla de tela que restringe el campo visual a lo que se tiene en frente.

En estos días se está debatiendo en Alemania la prohibición de la burka en lugares donde la identificación sea necesaria (escuelas, universidades, oficinas públicas), medida que ya se ha implementado en otros países europeos como Holanda, Bélgica y Francia. Pero si el uso de la burka oprime a la mujer, impidiéndole la interacción cara a cara requerida en Occidente en la vida social, laboral y estudiantil, parecería que la prohibición de la burka aprovecha esta misma sumisión al pretender “liberarla” de manera coercitiva. Si nos preocupara realmente cómo viven las mujeres en Alemania bajo una burka, se tomaría en cuenta que tras la prohibición les irá aún peor. ¿O acaso piensan que el marido o la familia que antes les impuso la burka va a aplaudir la liberación de su mujer? Todo lo contrario. Está comprobado históricamente que las prohibiciones intensifican los comportamientos prohibidos y dan resultados contraproducentes. Basta que nos prohíban algo para volverlo más atractivo: “adredistas” llama mi abuelito a quienes se empecinan en hacer lo contrario a lo que se les sugiere o impone (una de esas palabras que uno extraña a la distancia).

El cuerpo de la mujer, como es costumbre histórica, se ve nuevamente convertido en campo de batalla entre culturas. ¿Vencerá el radicalismo musulmán que cubre a la mujer de pies a cabeza o el radicalismo liberal que quiere arrancarle el velo de la cara? Se discute entre políticos y poderosos, a espaldas de la implicada, el derecho de una mujer a mostrar o no su rostro en público.

La burka, al cubrir no solo la totalidad del cuerpo sino el rostro completo, obviamente parece, desde la mirada de Occidente: “mucha ropa”. Mientras que en Latinoamérica y otras regiones más retrógradas todavía se justifican los abusos sexuales porque las chicas llevaban “demasiada poca ropa”. Millones de mujeres occidentales son tratadas, por la sociedad o por ellas mismas, como objetos sexuales, consciente o inconscientemente. ¿Cómo dejar de vivir como imagen en la mente de los hombres y del poder y empezar a vivir como ser libre? Es indispensable para ello una sociedad en la que se permita el libre desenvolvimiento de la personalidad, en la que existan opciones y la libertad de elegir entre ellas. Y sin embargo nos preguntamos, ¿deberían existir todas las opciones? Si prohibimos la burka por considerarla denigrante y simbólica de un radicalismo que atenta contra los derechos humanos, ¿deberíamos también prohibir los accesorios sadomasoquistas que se venden en cualquier tienda erótica en Alemania y que se lucen en público en conciertos y festivales góticos? Más de una vez me preguntó mi hija por qué un señor con cabeza rapada y vestido en cuero negro llevaba por la calle, agarrada por una correa de perro con púas, a su pareja. O por qué el chico en el tranvía viste una camiseta que dice “F… you” y decenas de piercings deformándole el rostro. O por qué en el lago viejos y jóvenes se tiran al sol desnudos con las piernas abiertas. El hecho de que yo lo encuentre extraño no significa que aquello tenga que prohibirse, ¿o sí?, ¿cuál es el punto en que nuestro derecho de expresarnos mediante nuestro cuerpo y vestuario atenta contra la dignidad del otro? ¿Cuál es el límite de nuestra libertad individual? En Alemania, justamente, en este país donde uno anda por la calle literalmente como le da la gana, quieren prohibir la burka. ¿Van a prohibir también la ropa hipersexualizada con la que se visten algunas chicas porque también convierte a la mujer en objeto impidiéndole una interacción sana con el resto?

Si en países como Marruecos una mujer hereda solo la mitad de lo que merece su hermano, en Irán no puede sacar un pasaporte sin permiso del marido, en Afganistán tiene “deberes conyugales”, si en varios países musulmanes la mujer posee menos derechos y oportunidades que los hombres, su llegada a Alemania debe ser recibida no con más prohibiciones sino con el mensaje de que aquí las mujeres gozan de una libertad ganada a pulso y todavía incompleta. Y para dar un mensaje debe existir diálogo, comunicación, y no una actitud aleccionadora o coercitiva que resultará contraproducente. El diálogo y la interacción entre culturas consideradas como procesos, como identidades en perpetua transformación y no como esferas selladas, genera de por sí la autorregulación de las posturas radicales. Por el contrario, la colisión de esferas culturales, vistas como identidades acabadas cuya “pureza” se debe defender, genera conflictos y termina en una radicalización de las posiciones, donde aquella que en ese momento ostente el poder no dudará en subyugar a las otras… (Continuará este sábado en el segundo acto: ¿por qué prohibir la burka?)

Publicado el jueves 1 de septiembre de 2016 en diario El Universo

http://www.eluniverso.com/opinion/2016/09/01/nota/5775621/prohibir-o-no-prohibir-burka-reflexion-dos-actos

Manual para arrepentirse en público

En este punto no importa ya cómo se dieron las cosas, quién sedujo a quién (o no), qué noche de furia amaneció con el concejal frente a la cámara confesándose como un niño disciplinado por la peor de las escuelas: la culpa. Lo relevante son las nociones que este individuo tiene sobre la vida, los seres humanos, la familia, las mujeres. Y cómo las expresa, porque la forma es inseparable de las ideas. Y sí, pues aquello que Ricaurte tiene en la cabeza es de interés público (y no sus deslices amorosos ni su lucha por “salvar a su familia”, lo cual no es de nuestra incumbencia). Lo que el edil quiteño haga de 7 p. m. a 7 a. m. nos debería dar igual (siempre y cuando no ande por ahí ofreciéndose como maestro de retórica o consejero matrimonial, pues entonces habría que detenerlo, por el bien público, digo).

En cambio sí nos incumben, porque nos afectan directamente, su cosmovisión y su ideario, difundidos a través del discurso público. (Filmar un video es de por sí un acto público, y para informar a su “familia” no es necesario grabarse, basta con llamar a mamita por teléfono.) Nos conciernen porque Antonio Ricaurte trabaja en el Concejo Metropolitano de Quito, donde toma decisiones en nuestro nombre. Allí, como en toda institución pública, deberían encontrarse exclusivamente seres humanos sabios, creativos, diligentes, con una combinación equilibrada de idealismo, noción de realidad, sentido del humor y sensibilidad ante lo bello y lo bueno.

¿Qué hizo Ricaurte para despertar la indignación pública, para que le lluevan insultos (la prensa alemana llama a este tipo de situaciones “Shitstorm”)? Para empezar, como si no fuera suficientemente patético que un hombre considere que una mujer que desea contacto, amor, sexo o lo que fuere, es una “ofrecida”, confiesa estas opiniones frente a una cámara. Habría que preguntarse además si es cierto que una chica guapa, inteligente y exitosa como Carla Cevallos se desvelara insistiendo en seducir a un reticente Ricaurte. Sea como fuere, hubiera estado en todo su derecho y lo único que podríamos reprocharle es su mal gusto.

Incluso en el caso de que la concejal se hubiera fijado en ese carita de santurrón, libre de compromisos (¿no dice él mismo que estaba divorciado?), y hasta en el improbable caso de que ella hubiera insistido ante sus negativas (sería interesante, para variar, que una mujer se empeñe en seducir a un hombre que le gusta, ¿es que es prerrogativa de los hombres darse todo tipo de mañas para conquistar a las mujeres que les atraen?), bueno, incluso en el caso poco verosímil de que Cevallos lo hubiera intentado seducir a la fuerza, ¿qué sucedió para que repentinamente Ricaurte se suba al escenario de su propia culpa y al mejor estilo de Viernes Santo quiteño, indigestado por la culpa mal digerida, se empiece a flagelar en público pidiendo perdón a “su esposa” y, no contento con su propia sangre derramada, decida llevarse consigo, en su caída, la reputación de esa “ofrecida”? Lo que no sabe este señor (porque hay gente que todavía no se entera) es que la dignidad de una mujer no es algo que se ofrece ni se vende ni se aja por el simple hecho de habernos enamorado de un muchacho, o de que él así lo crea, o lo pregone. No está en manos de un mojigato quiteño el otorgarnos o quitarnos nuestra dignidad, que es soberana y pertenece a esferas más elevadas de la existencia.

Flotan preguntas entre las brumas andinas con olor a palo santo: ¿qué lo motivó a hacer ese video?, ¿lo amenazaron con hacer público el escándalo y buscaba “curarse en sano”, adelantarse intrépidamente a los eventos?, ¿quién, al mejor estilo WikiLeaks, filtró el video?, ¿quién le redactó ese horrífico texto: incoherencias de borracho recitadas con carisma de misionera evangelizadora?, ¿quién le sugirió ese estilo de afectada solemnidad que evidencia un pensamiento rudimentario empacado en pomposos giros gramaticales propios de texto escolar franquista? Afirmó Ricaurte: Carla me perseguía y en un momento de debilidad “que me arrepiento” acepté sus “propuestas amorosas”. Ajá, ¡o sea que sí aceptó!, pero no, muy señor mío, no en un momento de debilidad “que” me arrepiento sino “del cual” o “del que” me arrepiento.

Y ya que estoy en eso, quizá estoy de suerte y le agarro al concejal en otro momento de debilidad que me permita “ofrecerle” un par de consejos para salir de este lío. Empecemos por su expresión facial al hacer un mea culpa: pues debería corresponder al contenido, porque si no parece que está usted haciendo un esfuerzo desmesurado por descifrar lo que está leyendo. Así que si quiere salvar a su familia, como dice, le recomiendo acudir al sentido del humor y al arte, apelar a los grandes maestros del género, por ejemplo a la legendaria recitación del Chavo del 8: “Vuelve el perro arrepentido, con sus miradas tan tiernas, con el hocico partido, con el rabo entre las piernas” (veinte veces). Infalible. Así reconquista a su familia sin dañar moralmente a una colega. La próxima vez, además, no coja el teléfono de su “esposa” para comunicarse con su amiga, mejor hágalo desde el suyo o desde un café internet.

O siga el ejemplo del político alemán Jörg Rupp, quien frustrado por el éxito de su contrincante Katja Suding, twitteó: “con tetas y piernas en vez de propuestas”, aludiendo a la campaña del FDP que aprovechaba el atractivo de Suding para ganar votantes. Como era de esperarse, se lo comieron vivo en las redes sociales, y él, humildemente, se disculpó chorrocientas veces y rogó que dejaran de insultarlo porque él mismo ya se insultaba abundantemente. Como Cevallos, Suding es una mujer exitosa y además atractiva en el sentido más tradicional, “femenina” dicen algunos. Una de esas mujeres que, ignorando el ejemplo de Merkel, no intentan imitar el atuendo “masculino” ni “neutralizarse” para asimilarse a los hombres, en “su” mundo de poder e influjo: soy uno más de ustedes, camaradas. Pues no, a los hombres no les va a quedar otra que aprender a lidiar con (y respetar a) este tipo de mujer: inteligente, capaz y sensual. En fin, intimidante (y bravísima). (O)

Publicado en diario El Universo el jueves, 3 de septiembre de 2015:

http://www.eluniverso.com/opinion/2015/09/03/nota/5101007/manual-arrepentirse-publico

 

Los periodistas, esos insufribles

Publicado en diario El Universo el viernes, 15 de abril, 2016

El periodismo que no incomoda a nadie no es periodismo. Para adularnos y darnos la razón está mamá. Pero los vanidosos y los tiranos, no contentos con ello, quieren que exista un aparataje mediático que los aplauda. Porque claro, a nadie le gusta que lo critiquen. Peor aún, que saquen sus trapos sucios al sol, que lo trinquen con las manos en la masa, que lo descubran entre una lista de corruptos y que, para colmo, esta información se difunda. Pero para eso, precisamente, están los medios: para ser como una mosca en la oreja, como ese primo que llega con la camiseta de Pussy Riot a la misa de bautizo.

En Alemania, el periodismo investigativo está celebrando como un triunfo los datos obtenidos gracias a los Papeles de Panamá. Es ese justamente el papel del periodista: investigar, hallar tesoros, revelar. Denunciar no solo escándalos financieros. Informar también sobre la horrenda situación tras las vallas, ahora que Merkel, cediendo ante presiones internas y externas, ha respaldado el cierre definitivo de la ruta de los Balcanes. Allí están los periodistas, sin fronteras, recordándonos que hay una realidad allá afuera, acechando nuestra zona de confort.

Los medios están ahí para contarnos la historia de Klaus Vogel, el capitán alemán que hoy salva vidas tras décadas de navegar cargueros cuyas mercancías solo enriquecen los obesos capitales de pocos. Ahora que se han multiplicado las vallas y patrullas que impiden el paso a Europa, a los seres humanos acosados por la violencia y la miseria les queda una sola opción: atravesar en bote el Mediterráneo embarcándose en las costas de Libia, país que en medio de una tempestad no puede apoyar a Europa en sus intentos de contener la inmigración. Podemos cerrarles las puertas en las narices, pero los periodistas están ahí para recordarnos que tras la puerta existe una realidad. A bordo del Aquarius, Klaus Vogel recorre el Mediterráneo rescatando a cientos de migrantes que de lo contrario habrían perecido como ya murieron miles, víctimas de la pobreza, el abuso de las mafias de tráfico de refugiados, la inclemencia del mar. Los periodistas están allí para contarnos las historias detrás de las cifras, para hacernos ver lo que de otra manera permanecería oculto, para mostrarnos que en el mundo coexisten la bondad y la maldad, para hacernos dudar, reflexionar, preguntarnos por qué.

Reporteros sin Fronteras sabe que el progreso social depende de la calidad del periodismo independiente: solo si poseemos información veraz y completa podremos comprender la realidad y actuar éticamente. La injusticia no puede quedar impune en un mundo donde exista alguien capaz de revelar la verdad. Es solo cuestión de tiempo. Recordemos la atroz guerra de Vietnam y las mentiras que el gobierno le contaba al pueblo. Hasta que apareció la foto del periodista Nick Ut. La angustia y el dolor de esa niña corriendo desnuda con el cuerpo quemado por el napalm despertaron la conciencia del mundo.

Quien controla la información controla la sociedad, y eso lo saben muy bien los gobiernos. Eso lo sabe la dictadura absoluta retratada en la brillante y aterradora novela (una ficción más real que la realidad) 1984, del inglés George Orwell. Los mecanismos de control de la información son prioridad de una dictadura, incluso el pasado se puede borrar y enmendar pues el Partido nunca se equivoca. El Gran Hermano impone en los ciudadanos una sumisión absoluta, todo pensamiento se reduce a la obediencia de los principios del Estado. El triunfo del poder absoluto sobre la conciencia se logra a través del adoctrinamiento y del control de la privacidad. A merced de las mentiras transmitidas por el medio de comunicación oficial, la mente humana se vuelve incapaz de observar la realidad por sí misma, sin el filtro ideológico, de reflexionar y sacar sus propias conclusiones. Los comportamientos, incluso los sentimientos, se inducen a través de la histeria colectiva y de la obediencia ciega. El Gran Hermano lo controla todo, y sabe que una de las armas más poderosas es la palabra. Las palabras pueden crear allí donde nada existe, anular allí donde existía algo, pueden negar la realidad o retorcerla. Así, en el Ministerio del Amor se tortura a quienes no saben comportarse y vivir bien según los estándares del Estado, y en el Ministerio de la Verdad se falsea la información y se la adecúa a los objetivos del Partido.

Es responsabilidad del periodista ser desobediente, hablar de aquello de lo que algunos preferirían no hablar. Los verdaderos periodistas son esos a los que el poder querría silenciar, mandar a torturar en los sótanos del Ministerio del Amor, reemplazar por los zombis que difunden versiones oficiales en el Ministerio de la Verdad. Es extraño que existiendo esta novela tan famosa a nivel mundial, tan reveladora de los mecanismos del poder para perpetuarse y anular la libertad y la diversidad, todavía existan algunos gobernantes que les pongan nombres peligrosamente cursis a sus instituciones. Tras ciertas palabras se ocultan segundas intenciones. El populismo se basa en eslóganes que intentan convencer con palabras de aquello que la realidad niega a gritos. Qué bien les haría a muchos gobernantes, a más de un mayor sentido de la verdad, la bondad y la justicia, leer de vez en cuando algún buen libro. Ojalá que nunca falten periodistas y autores que los escriban ni lectores críticos que los lean. (O)

http://www.eluniverso.com/opinion/2016/04/15/nota/5523756/periodistas-esos-insufribles